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martes, 18 de junio de 2013

Vamos a contar un cuento...

Hace mucho tiempo que no leo sus cuentos (J. Bucay). Pero siempre me han parecido muy ilustrativos.

Hoy me ha tocado este...

Es un pequeño regalo, tú ya extraerás tus propias conclusiones. Yo las obtuve hace mucho tiempo.

Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo.El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino.
Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid. 
Y la Vid se moría porque no podía florecer como la Rosa.
La Rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el Roble. 

Entonces encontró una planta, una fresia, floreciendo y más fresca que nunca.
El rey preguntó:- ¿Cómo es que creces saludable en medio de este jardín mustio y sombrío?
- No lo sé. Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste, querías fresias. Si hubieras querido un Roble o una Rosa, los habrías plantado. En aquel momento me dije: "Intentaré ser Fresia de la mejor manera que pueda".

Otra cuento más para pensar:

Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me  llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enrome bestia hacia  despliegue de su tamaño, peso y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba  sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas clavada a  una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era solo un  minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y  aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad,  arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces?  ¿Por qué no huye? Cuando tenía 5 o 6 años yo todavía en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por  el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: -Si está  amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvide del misterio del elefante y la  estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se  habían hecho la misma pregunta. Hace algunos años descubrí que por suerte  para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta:  El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño. Cerré los ojos y me imaginé al pequeño  recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el  elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era  ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía... Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree -pobre- que NO PUEDE. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás... jamás... intentó poner a prueba  su fuerza otra vez... 

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