Repaso cada vez que te peso tu
curva de crecimiento como si pudiese alargarla, estirarla o aumentarla. Pero
no. Eres una pulguita, como dice la pediatra, una pulguita sana. Con un color
sonrojado, ¡perfecto para mi!
Me machacas mis tetas, fulminas
los biberones, agotas mis energías, rompes mi sueño…
Agotas tallas, revientas
botones, encoges calcetines… ¡vas creciendo!
Lo malo de ir al pediatra son las
banderillas que te ponen. Con ellas aprendiste a chillar.

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