Tu primera semana fue un tanto caótica.
No nos conocíamos.
Tus funciones principales eran
las de comer y dormir, pero esta última no la conseguíamos. Te explican que los
bebes como tú tan sólo comen y duermen, y tú no querías dormir. Llorabas y
llorabas… ¡Es que nadie te había enseñado a dormir!
Teníamos que aprender los dos.
Las noches se hacían largas. En
cuanto te echábamos en el moisés, llorabas.
Con el tiempo y mucha paciencia aprendimos
los dos.
De vez en cuando, existen
pequeños baches que alterar esta armonía, pero como sigues creciendo, yo me
quedo más tranquila. Progresas adecuadamente.
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